No somos Groenlandia

Nos encontramos en la mitad del año y las mismas noticias, que siguen siendo parte de los titulares que escuchamos y leemos por lo menos desde el tercer mes del año. La variación del Covid-19 generando preocupación en la mayoría de los países, el aumento en los precios del petróleo como consecuencia de la apertura de los mercados debido a un plan de vacunación masivo, el acuerdo de los países de la OPEP+ para controlar la producción e ir disminuyendo los recortes poco a poco buscando estabilizar oferta y demanda, y el anuncio de algunas economías de dejar atrás la exploración y producción de combustibles fósiles para migrar hacia energías renovables.

La entrada del verano en Europa y Estados Unidos ha permitido que el turismo se reactive, como consecuencia la demanda de combustibles ha aumentado. En La Florida, EE. UU., el precio de la gasolina por galón supera los U$3.00 y en algunos casos llega a los U$3.50. Menciono esta información debido a que ya hay quejas de la población por este costo elevado. Hasta aquí, todo normal con el tema de los titulares.

Ahora, escuchando al presidente de los EE. UU.  sorprende bastante que algo más del 50% de la población solo esté vacunada. En este caso, la desinformación es protagonista y un buen número de ciudadanos se niegan a hacerlo por todo lo que circula en redes sociales. En contraste, nuestro país, considerado en vía de desarrollo, vive uno de los momentos más difíciles y clamando a gritos contar con más dosis, debiendo resignarnos a los esfuerzos del gobierno y a su propio ritmo para proteger a la población.

Por otro lado, Groenlandia, con una población de 56.000 habitantes y el 90% de su actividad económica fundamentada en la pesca, y que busca independizarse totalmente de Dinamarca ha manifestado que dejará de lado la exploración de combustibles fósiles para enfocarse en renovables. Las noticias hacen referencia a la intención de migrar hacia energías verdes, pero al ver los argumentos es claro que su economía no depende del petróleo (solo tiene recursos que aún no han sido explotados, 18 billones de aceite y 148 trillones de pies cúbicos de gas). Además, las compañías de E&P no están interesadas en desarrollar esos recursos por sus altos costos de extracción y producción. El tema podría decirse es más económico que de principios o convicción genuina.

Dando una mirada a nuestro país, pareciera que lo que estamos viviendo son los efectos colaterales de la desinformación. La migración hacia renovables, manifiestan ciertos grupos de interés, debe darse “ahora”, cuando ni siquiera las grandes economías están preparadas para dar el salto.

Por su parte, los Yacimientos No Convencionales y la gran oportunidad que tiene el país para extender su autosuficiencia energética, no es ajena a esta desinformación. No somos Groenlandia, ni mucho menos Finlandia o Dinamarca. Ojalá entendamos que nuestras necesidades son diferentes a la de estos países, que debemos trabajar al unísono para balancear nuestra canasta energética, que la coexistencia entre las diferentes fuentes de energía serán el eje fundamental de las próximas décadas y que la desinformación, si no la manejamos apropiadamente, será una de los grandes obstáculos para lograr una transición responsable.

 

Óscar Díaz Martínez

Presidente de la Junta Directiva

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